Cuando estudié Educación Montessori y STEAM, me decían:
“Pero tú eres de tecnología. ¿Lo haces para tener más certificaciones?”
Pues no, las estudié porque quería entender cómo acompañar a mis hijos de una manera coherente con lo que creía que debía ser la educación.
Y hoy, en el
Día Internacional de la Crianza Respetuosa, honro aquella decisión.
Estudié Montessori para comprender mejor la autonomía, el ambiente preparado, la observación y el respeto por los ritmos de cada niño.
Estudié STEAM porque quería que mis hijos pudieran preguntar, experimentar, crear, equivocarse, investigar y construir soluciones conectando diferentes áreas del conocimiento.
Y después ocurrió algo inevitable: lo que funcionaba en casa tenía que llegar al aula, porque para mí, la educación no puede tener un discurso en casa y otro completamente diferente cuando entramos a un salón de clases.
La crianza respetuosa tampoco significa dejar que los niños hagan todo lo que quieran; implica reconocer que son personas, que merecen ser escuchados, que tienen derechos, emociones, capacidades y que su voz merece ser tomada en cuenta. También significa poner límites, acompañar, orientar y enseñar.
Por eso hoy, cuando hablo de educación, Montessori, STEAM o tecnología, no lo hago solamente desde la teoría, lo hago desde años de estudio, experimentación, educación en casa, trabajo con niños y experiencia en el aula.
Y sigo estudiando para hacerlo cada vez mejor, porque para mí, educar con respeto también significa algo muy sencillo: tener la congruencia de educar de la manera que defendemos.
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