Cuando tengas 80, ese día frente al mar pensarás:
Qué bueno que pinté, que escribí, que creé, que me di tiempo para mí…
El amor y la creatividad comparten la misma raíz: la capacidad de transformar todo. Y muchas veces, para crear, no hace falta tener todo resuelto… solo ganas. Ganas de intentar, de jugar, de expresarnos, de volver a conectar con aquello que nos hace sentir vivos.
“La creatividad es una de las formas silenciosas en las que aprendemos que...
No es para impresionar.
No es para rendir o demostrar.
No es para convertirnos en alguien “lo suficientemente bueno”.
Sino para encontrarnos con nosotras/os mismas/os.
El tiempo para nosotras/os, para dibujar, pintar, crear, escribir y hacer aquello que disfrutamos, es casi un acto de resistencia, amor propio y autocuidado en este mundo tan apurado y productivo en el que vivimos.
Desde muy niña sentí pasión por el arte, el color y sus contrastes. A los 7 años aprendí pintura tipo falso vitral y soñaba con algún día crear vitrales como los de las iglesias . También soñaba con ser ingeniera en computadoras y enseñar al mundo a hacer las cosas paso a paso… y con el tiempo logré ambas cosas.
No recuerdo exactamente desde cuándo dibujo, pero sí recuerdo hacerles los dibujos de tareas a mis primos, amigos y hasta compañeros desde la escuela a la universidad . Siempre encontré en el arte una forma de comunicarme, imaginar y transformar emociones en algo visible.
En 2004 me gradué como Analista de Sistemas, luego como Ingeniera y más adelante como profesora de Educación Comercial. Incluso pude enseñar dibujo técnico y AutoCAD. Durante un tiempo dejé de dibujar, pero el arte siempre encontraba la manera de volver a mí.
En una fundación comunitaria tuve la oportunidad de enseñar informática y también artes plásticas: vitral, pintura sobre vidrio y sobre tela. Esa experiencia me permitió explorar materiales, técnicas y descubrir cuánto amo experimentar.
Hoy sigo enamorada de las técnicas mixtas, el collage y especialmente del dibujo y las acuarelas, mi hija me ha inspirado a retomarlo. Amo mezclar marcadores, crayones, lápices, tintas y recortes para dar nueva vida incluso a ilustraciones que pensé que no funcionaban.
Soy una persona alegre, curiosa y profundamente creativa. Amo los colores saturados, la naturaleza y los animales. Mi estilo es ecléctico porque cambia con cada material, emoción y experiencia.
Y sí… también normalizo tener hobbies por los que no cobro. Porque no todo lo que hacemos tiene que producir dinero; algunas cosas simplemente alimentan el alma.
Crear también es cuidarse: hobbies, arte y el derecho a disfrutar sin producir y hoy quiero recordarte algo importante:
No todo tiene que convertirse en un negocio. No todo hobby necesita monetizarse. No todo momento creativo debe ser contenido, métricas o productividad.
A veces pintar, escribir, cocinar, leer, bordar, sembrar, hacer collage, dibujar o simplemente crear con las manos… es medicina para el alma.
En un mundo tan acelerado y tecnológico, volver a lo tradicional, a lo manual, a lo analógico, también es una forma de resistencia, amor propio y autocuidado.
Así que hoy te dejo una invitación:
Haz algo fuera de la pantalla.
Compra colores.
Escribe en papel.
Siembra algo.
Haz un collage.
Aprende una manualidad.
Escribe una carta.
Imprime una foto.
Haz algo únicamente porque te hace bien y porque lo disfrutas.
Normalicemos tener hobbies. Normalicemos crear sin presión. Normalicemos hacer cosas solo por amor, curiosidad y felicidad.
¿Qué te parece? ¿Qué len sumarias o quitarías? Nos vemos en el próximo boletín.
Deylin

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