Hace unos días me contaron algo que, sinceramente, me hizo pensar. Tres personas diferentes me habían recomendado para una entrevista en un medio local. Una de ellas, una persona maravillosa que conocí hace algunos años en el Canal de Empresarias y que ha sido patrocinante de algunos de nuestros proyectos sociales, al ver que nunca me contactaron, preguntó qué había pasado.
La respuesta fue: Tú me dices que ella hace mucha labor social, pero no la publica y lo que hace con su emprendimiento no es considerado relevante como para una entrevista. Y ella me la compartió; me dijo: Sé que les hubiera ayudado a tener más patrocinios para Navidad o los Reyes .
No voy a mentir: cuando lo escuché, me quedé pensando y me sentí mal; no porque crea que todo lo que hago merece una entrevista, no porque piense que ayudar a otros me convierte en alguien especial y mucho menos porque crea que alguien está obligado a contar mi historia. Sino porque me hizo dudar, llorar por no comprenderlo y luego reflexionar:
¿En qué momento empezamos a medir el valor de nuestras acciones por la cantidad de personas que las conocen?
Vivimos en una época en la que parece que, si no hay una fotografía, una publicación, un video o cientos de reacciones, aquello no sucedió y quizás estamos olvidando algo importante:
- Hay personas que ayudan y no lo publican porque no desean mostrar la vulnerabilidad de otro.
- Hay quienes donan y no toman fotografías porque desean hacer el bien sin mostrar a quién.
- Quienes acompañan a alguien en un momento difícil y jamás lo cuentan.
- Quienes trabajan silenciosamente por una comunidad, por un niño, por un animal, por una familia o por una causa, sin convertirlo en contenido.
Y eso no significa que sean mejores que quienes sí lo comparten, simplemente significa que la visibilidad y el valor no son la misma cosa. A mí me tocó aprender trabajando en espacios vulnerables que no todo lo que hacemos necesita convertirse en vitrina, algunas cosas se hacen porque creemos en ellas, porque podemos, porque alguien lo necesita.
Porque alguna vez nosotros también necesitamos que alguien estuviera ahí. Y sí, quizás muchas de esas acciones nunca aparecerán en una noticia o en una red social, quizás nunca serán consideradas una historia suficientemente relevante y está bien, prefiero pensar que el valor de una buena acción no depende de que alguien decida publicarla.
Porque hay una diferencia enorme entre hacer algo para que los demás sepan quién eres y hacer algo porque eso representa quién eres.
Agradezco profundamente a esas tres personas que pensaron en mí y tuvieron la generosidad de recomendarme. Ese gesto, por sí solo, ya significó mucho. BlockSTEAM Escuela Comunitaria - Programa de desarrollo profesional para jóvenes en STEAM Y las demás acciones sociales seguirán creciendo, porque siempre existirá alguien que desee apoyar.
Y respecto a la entrevista que nunca llegó, quizás también tenía algo que enseñarme.
- No todo el reconocimiento que esperamos llegará.
- No toda puerta que otros intenten abrir para nosotros se abrirá.
- Y no toda historia debe ser publicada.
Pero eso no debería cambiar la razón por la que hacemos las cosas, seguiré haciendo lo que considero correcto, aunque no sea noticia, ayudando cuando pueda, aunque nadie lo vea, seguiré creyendo que una vida puede dejar huella sin necesidad de convertirse en titular porque al final, hay algo que nadie puede decidir por nosotros:
El valor de lo que hacemos cuando nadie está mirando.
Pd: Si deseas participar como voluntario o donador de algunas de las causas que apoyo, solo contáctame.

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